Te sientas en el banco de la plaza, por unos segundos que parecen suspendidos, me quedo de pie frente a ti, me esperas dejando caer tus brazos muertos, a cada lado de tu cuerpo. No obstante, cuando notas mi cercanía, elevas un brazo y me masajeas un pecho, que desnudo se esconde tras la blusa, reaccionando a tu contacto.
Trepo lentamente tus piernas, y allí instalo mi cola, logrando que mis glúteos marquen terreno en tus muslos.
El sol está comenzando a apagarse, cuando ya te tengo montado. Deslizo lento tu cremallera, sacando tu miembro por fuera del slip: Hoy traes esas bermudas que tanto me gustan!!!
Tu polla se encuentra tan tiesa que no es necesario estimularla. Te delatas y yo sonrío victoriosa.
Subes mi falda apenas por encima de tus piernas, no llevo ropa interior. Investigas mi humedad con tu dedo más hábil, y entonces nos penetramos, casi en silencio, aún vestidos. Sin paciencia, sin juegos previos, con un único impulso como estandarte.
Un fuego abrasador que todo lo derrite, me envuelve, dejándome sin poder controlar los jadeos que incrementan bruscamente, tornando mis movimientos más profundos. Quejidos que parecen alaridos desbocados, brotan de mi fantasía, y es que eres mi fantasía desde que te vi deseándome.
Te enrosco los muslos con mis piernas, obligándote a asirme con más fuerza.
Allí me dejas dominar, aunque sepas, tú eres quien me domina; delineo el contorno de tus tatuajes, mientras presiono un dedo en medio del tribal. Tienes razón en aseverar que me atraen tus tatuajes.
Y entonces nos movemos, cada vez más enceguecidos, cada vez más desentendidos del entorno. Estamos tan excitados, explorándonos en pleno lugar. Que no pienso más que en lograr adentrarte por completo en mí.
Me posees con cada movimiento pélvico, me desarmo en ti y me uno otra vez. Cada vez más rápido. Me tienes una y otra vez.
Mis sueños están tan lejos de los tuyos, tan ajenos. Y sin embargo, en aquel banco de la plaza tuve que entregarme a ti; sin poseerte sin que me poseas.
El sol está comenzando a apagarse, cuando ya te tengo montado. Deslizo lento tu cremallera, sacando tu miembro por fuera del slip: Hoy traes esas bermudas que tanto me gustan!!!
Tu polla se encuentra tan tiesa que no es necesario estimularla. Te delatas y yo sonrío victoriosa.
Subes mi falda apenas por encima de tus piernas, no llevo ropa interior. Investigas mi humedad con tu dedo más hábil, y entonces nos penetramos, casi en silencio, aún vestidos. Sin paciencia, sin juegos previos, con un único impulso como estandarte.
Un fuego abrasador que todo lo derrite, me envuelve, dejándome sin poder controlar los jadeos que incrementan bruscamente, tornando mis movimientos más profundos. Quejidos que parecen alaridos desbocados, brotan de mi fantasía, y es que eres mi fantasía desde que te vi deseándome.
Te enrosco los muslos con mis piernas, obligándote a asirme con más fuerza.
Allí me dejas dominar, aunque sepas, tú eres quien me domina; delineo el contorno de tus tatuajes, mientras presiono un dedo en medio del tribal. Tienes razón en aseverar que me atraen tus tatuajes.
Y entonces nos movemos, cada vez más enceguecidos, cada vez más desentendidos del entorno. Estamos tan excitados, explorándonos en pleno lugar. Que no pienso más que en lograr adentrarte por completo en mí.
Me posees con cada movimiento pélvico, me desarmo en ti y me uno otra vez. Cada vez más rápido. Me tienes una y otra vez.
Mis sueños están tan lejos de los tuyos, tan ajenos. Y sin embargo, en aquel banco de la plaza tuve que entregarme a ti; sin poseerte sin que me poseas.
